Quiero estar tirada en el pasto, los pies descalzos completamente apoyados en la tierra, sentir el fresco y las cosquillas del césped en la piel, recostada boca arriba mirando desde abajo las copas de los árboles enormes y las nubes en todas sus formas, dejar que esta brisa leve que recorre la ciudad me desperece la piel y bambolee suavemente mi pelo, los brazos bien abiertos al costado del cuerpo, las palmas de las manos contra el suelo, la respiración lenta y profunda y los párpados que pesan apenas y, por supuesto, cantar.
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