26.4.12

Es injusto estar con alguien que se mezquina sentir cosas por mí. Lo veo como a un pequeño gatito agarrado al borde de la pileta, no queriendo ni ver el agua mientras que lentamente mete la patita. Basta. ¿Tengo que convencerte? Entiendo los miedos, pero no me banco los grises. Creo que la única forma de saber si alguien va con uno es siendo uno, no existe estar, pero calculando, midiendo, reprimiendo, congelando, evadiendo.
Me dí cuenta de qué manera no quiero relacionarme, y entonces, cuando empiezan la razón y las vueltas a intervenir, empiezo a irme (estando ahí) porque me da fiaca. No me da gracia no encontrarte cuando te miro a los ojos, pero me da ternura cuando finalmente hacemos contacto, nos vemos, y nos miramos por horas . Me gusta que no entiendas lo que vibramos y me retuerzas como a un bollito de harina y me esparzas arriba tuyo.
Me da pena que no fluyas porque me vas a terminar apagando. Y después, no existe el después. Existe el ahora, éste es el momento en el que te mostrás, me muestro, y si nos gustamos, seguimos. Si constipamos la situación, no fluye.




Y Después ya no me va a interesar que me muestres el menú, no voy a pedir nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario